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Si no se habla de una cosa, es como si no hubiese sucedido nunca. 
Es simplemente la expresión, como dice Harry, la que da realidad a las cosas.
Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray

Cuando hablamos queremos lograr algo. Sea que lo pienses antes o no, cuando dices algo a alguien, esperas que ocurra algo. Puede ser algo muy ambicioso, como que te contraten, te quieran como compañero o crean en tu capacidad para un proyecto; o puede ser menos relevante, como que te traigan agua sin gas, te esperen cinco minutos o el taxi se detenga en la esquina. Aún en las conversaciones más triviales o aquellas de las que no esperamos nada en particular, esperamos al menos un gesto (de recepción, de aprobación, de indiferencia). El lenguaje es productivo, produce cosas, acciones, relaciones, estados, mundos.

 

Alguna vez te preguntas ¿qué voy a producir cuando le hable? y mejor todavía: ¿qué quiero producir cuando le hable? Claro que las comunicaciones entre personas no son lineales y no siempre logramos ser comprendidos como esperamos. Porque en la comunicación en general y en la oral especialmente, intervienen muchos factores: la organización de nuestro discurso, la actitud con la que hablamos, las palabras que elegimos, el estado de ánimo que tenemos, lo que pensamos y sentimos sobre lo que estamos diciendo, el ambiente físico en el que nos encontramos, el contexto cultural, nuestra dicción, el tono que usamos. Y del lado de nuestro interlocutor otras tantas variables, interpretaciones y representaciones, que se nos escapan.

 

La buena noticia es que podemos entrenar nuestra oratoria y hacerla más cercana a nuestros propósitos de comunicación. Podemos aprender a organizar la información que presentamos de tal forma que nuestros destinatarios la comprendan y la recuerden. Podemos aprender a hablar con claridad, fluidez y dinamismo, aspectos sumamente importantes en esta época en que la atención de las personas es muy escasa. Todo a nuestro alrededor nos demanda atención, por eso tenemos que aprender a dirigir nuestros mensajes y enfocarlos con precisión para que sean atendidos (y si el éxito es enorme: entendidos).

 

Pero sobre todo tenemos que mejorar nuestra comunicación interpersonal y nuestra expresión oral, porque el éxito de los proyectos personales y profesionales está íntimamente vinculado a cómo los exponemos. De hecho, si miramos a nuestro alrededor, no siempre son las personas más capaces o más hábiles en una materia las que hacen prevalecer su visión de las cosas, por el contrario, casi siempre, son las que saben transmitirlas.

 

Foto: Conversación by Anroir en flickr.